El juego en los casinos puede ser una actividad emocionante y, 100 giros gratis para algunos, una forma de entretenimiento. Sin embargo, para muchos, se convierte en una adicción que afecta su vida personal, financiera y emocional. Este caso de estudio se centra en la historia de Javier, un hombre de 35 años que luchó con su adicción al juego y cómo logró superarla.
Javier comenzó a jugar en casinos a los 25 años. Al principio, era solo una forma de pasar el tiempo con amigos, pero rápidamente se dio cuenta de que podía ganar dinero. La adrenalina de ganar lo llevó a jugar más frecuentemente, y pronto se encontró visitando el casino varias veces a la semana. Al principio, sus ganancias eran significativas, pero con el tiempo, comenzó a perder más de lo que ganaba. A pesar de las pérdidas, Javier continuó jugando, convencido de que podía recuperar su dinero.
La situación de Javier se volvió crítica cuando comenzó a endeudarse. Utilizaba sus ahorros, pedía prestado a amigos y familiares, y, en ocasiones, recurría a préstamos personales. Su vida se convirtió en un ciclo de esperanza y desilusión. Cada vez que perdía, prometía que sería la última vez, pero la necesidad de jugar se volvía más fuerte. Su relación con su pareja se deterioró, y su trabajo comenzó a verse afectado por su falta de concentración y ausencias.

Reconociendo que tenía un problema, Javier decidió buscar ayuda. Se unió a un grupo de apoyo para personas con problemas de juego, donde pudo compartir su experiencia y escuchar las historias de otros. Este espacio le permitió entender que no estaba solo en su lucha y que había formas de superar su adicción. Además, comenzó a asistir a terapia psicológica, donde trabajó en las causas subyacentes de su adicción, como la baja autoestima y la necesidad de escapar de la realidad.
Uno de los pasos más importantes que tomó Javier fue establecer límites claros. Decidió cerrar sus cuentas en línea de apuestas y evitar lugares donde pudiera jugar. También comenzó a buscar actividades alternativas que le brindaran satisfacción sin el riesgo del juego. Se unió a un club de deportes, comenzó a leer más y a pasar tiempo con su familia, lo que le ayudó a llenar el vacío que había dejado el juego.
Con el tiempo, Javier aprendió a manejar sus impulsos. Desarrolló estrategias para lidiar con las ganas de jugar, como practicar la meditación y mantener un diario donde anotaba sus pensamientos y emociones. Cada día que pasaba sin jugar se sentía más fuerte y más seguro de sí mismo.
Hoy en día, Javier celebra más de dos años de recuperación. Aunque reconoce que la tentación puede aparecer en momentos de estrés, ha aprendido a enfrentar esos desafíos de manera saludable. Su vida ha mejorado significativamente; ha reconstruido su relación con su pareja y ha logrado estabilizar sus finanzas. La historia de Javier es un testimonio de que, con el apoyo adecuado y la determinación, es posible dejar atrás la adicción al juego y construir una vida más plena y satisfactoria.